Al recorrer góndolas, restaurantes y aplicaciones aparecen muchos logotipos rojos, naranjas o combinaciones de ambos. Es tentador pensar que todas las empresas eligen esos colores por una única razón —por ejemplo, “porque dan hambre”—, pero la evidencia es más compleja. El color puede influir en la percepción, aunque su efecto depende del contexto, la cultura, la categoría del producto y las asociaciones que cada persona haya aprendido.
El color ayuda a reconocer una marca
Una identidad visual coherente permite que el público reconozca una marca con rapidez. Cuando un color se mantiene a lo largo del tiempo en envases, locales, anuncios y plataformas digitales, puede convertirse en una señal distintiva. El rojo de Coca-Cola es un ejemplo conocido de asociación entre un color y una marca, aunque ese reconocimiento se construyó mediante una exposición repetida y consistente, no por el color aislado.
La investigación académica sobre marketing encontró que los colores pueden influir en la personalidad que las personas atribuyen a una marca y en su evaluación. Un estudio de Lauren Labrecque y George Milne, publicado en el Journal of the Academy of Marketing Science, examinó cómo los tonos se relacionan con dimensiones de personalidad de marca y cómo esas asociaciones pueden afectar la intención de compra.
¿Qué comunican el rojo y el naranja?
El rojo puede asociarse con energía, intensidad, pasión o urgencia, pero también con peligro, advertencia o prohibición. El significado no es fijo: cambia según el objeto, el diseño y la experiencia previa de quien lo observa. El naranja suele utilizarse para transmitir una sensación de vitalidad o cercanía, aunque tampoco tiene un efecto universal ni garantiza que una pieza se destaque.
En alimentos y bebidas, el color puede afectar las expectativas antes de probar un producto. La investigación sobre diseño de envases y percepción multisensorial muestra que las señales visuales pueden influir en cómo anticipamos el sabor, la dulzura o las características de un alimento. Eso no significa que un color produzca hambre automáticamente ni que todas las personas reaccionen igual.
El contexto cambia el resultado
Un mismo tono puede funcionar de manera distinta según dónde aparece. El rojo en una señal de advertencia no transmite lo mismo que el rojo en una lata de bebida, una promoción o una identidad deportiva. También importan el brillo, la saturación, el contraste, la tipografía, las imágenes y la competencia visual que rodea al producto.
Una revisión científica sobre diseño visual de envases explica que las asociaciones de color se aprenden y pueden variar entre culturas y categorías. Por eso, una empresa que quiera diferenciarse no debería elegir su paleta solo porque un color está de moda o porque otra marca tuvo éxito con él.
¿Cómo elegir colores para una marca?
- Definir la personalidad: decidir qué valores debe transmitir la marca y a quién se dirige.
- Analizar la categoría: observar los códigos visuales de competidores y oportunidades para diferenciarse.
- Comprobar la legibilidad: garantizar contraste suficiente en pantallas, impresos y tamaños pequeños.
- Probar con usuarios: validar reconocimiento, comprensión y preferencias con el público real.
- Mantener consistencia: usar el sistema de color de manera coherente en los distintos puntos de contacto.
La conclusión: estrategia, no magia
El rojo y el naranja pueden ser decisiones útiles dentro de una estrategia de marca, pero no reemplazan un buen producto, un mensaje claro ni una experiencia satisfactoria. Tampoco existe una regla científica universal que permita predecir ventas a partir del color del logo. La mejor decisión surge de combinar investigación, diseño, pruebas y conocimiento de la audiencia.

